Análisis profesional de riesgos

Los jueves viene un profesional externo y realiza un tratamiento concreto. El paciente entra por la puerta del centro, paga al centro y confía en el centro.

Si algo sale mal, el paciente no distingue quién sostenía el cabezal. Reclama al sitio donde le atendieron. Por eso los colaboradores externos en una clínica estética son uno de los puntos que más conviene tener cerrado por escrito, junto con la actividad que la póliza declara y la que el centro realiza de verdad cada semana.

Colaboradores externos en una clínica estética: cabina de tratamiento con aparatología
La actividad que el centro realiza cada semana y la que figura declarada en la póliza pueden separarse sin que nadie lo advierta.

La actividad declarada envejece más deprisa que la clínica

Un centro puede empezar con tratamientos faciales y corporales, incorporar láser, ampliar a radiofrecuencia o micropigmentación y acabar realizando procedimientos que ya requieren personal sanitario. Cada paso parece una ampliación natural del negocio.

La póliza, mientras tanto, puede seguir describiendo una actividad anterior, más simple y con menor exposición. Y eso no es un detalle administrativo: una descripción imprecisa puede afectar a la responsabilidad civil, a la protección del equipamiento y a la continuidad económica si un siniestro obliga a parar cabinas o cancelar agendas.

El detalle que decide

La Ley de Contrato de Seguro obliga al tomador y al asegurado a comunicar a la entidad, durante la vigencia del contrato y tan pronto como sea posible, la alteración de los factores y circunstancias declaradas que agraven el riesgo, cuando sean de tal naturaleza que la aseguradora no habría celebrado el contrato o lo habría concluido en condiciones más gravosas de haberlas conocido.

Incorporar aparatología con mayor exposición, ampliar a técnicas más invasivas o abrir la actividad a profesionales que antes no intervenían puede encajar en ese supuesto. Y si sobreviene un siniestro sin haberse comunicado, la ley prevé que la prestación se reduzca proporcionalmente a la diferencia entre la prima convenida y la que se habría aplicado. No todo cambio constituye agravación, pero ante una modificación relevante conviene comunicarla y dejar documentada la consulta.

El hueco entre dos pólizas: colaboradores externos en una clínica estética

Aquí está el punto que da sentido a todo lo demás. Es frecuente que la clínica dé por hecho que el colaborador aporta su propio seguro y que el colaborador dé por hecho que trabaja amparado por el del centro. Nadie ha comprobado si ambas coberturas se coordinan.

Entre la póliza de la clínica y la del colaborador puede quedar un hueco. Y el paciente no reclama a un hueco: reclama al centro.

Las preguntas que resuelven ese punto son concretas. Si la responsabilidad civil de la clínica ampara actos realizados por quien no es empleado ni figura declarado. Si la póliza del colaborador cubre su actividad cuando se desarrolla en un centro ajeno y bajo la marca de ese centro. Qué límites tiene cada una y cuál respondería primero. Y si el paciente contrató con la clínica, que es quien emite la factura y con quien existe la relación.

Conviene además dejar por escrito la relación profesional: qué procedimientos realiza cada parte, con qué equipos, bajo qué protocolos y con qué obligación de acreditar cobertura vigente. No es burocracia: es lo que se mira cuando llega una reclamación.

El consentimiento informado: qué exige la ley y qué no resuelve

La normativa de autonomía del paciente establece que el consentimiento será verbal por regla general, pero se prestará por escrito en intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, en la aplicación de procedimientos que supongan riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente. Debe recabarse para cada actuación y contener información suficiente sobre el procedimiento y sus riesgos.

La información básica previa incluye las consecuencias relevantes que la intervención origina con seguridad, los riesgos relacionados con las circunstancias personales del paciente, los riesgos probables en condiciones normales y las contraindicaciones.

Ahora bien, conviene no confundir planos. Un consentimiento sólido acredita qué se explicó y qué aceptó el paciente, y por eso es una pieza central de la defensa. Lo que no hace es corregir una póliza mal planteada: si la actividad no está bien declarada o determinadas exposiciones quedaron fuera del contrato, el conflicto asegurador existe con independencia de la calidad de la documentación clínica.

Aparatología: identificada, valorada y cubierta

El equipamiento es la otra pieza que envejece mal en estas pólizas. Los capitales fijados hace años pueden haber quedado por debajo del coste actual de reposición, y conviene comprobar si los equipos están correctamente identificados, si existe garantía de avería de maquinaria además de la de daños, y qué tiempo de reposición contempla la cobertura de interrupción de actividad.

Ese último punto y la arquitectura completa de garantías —responsabilidad civil desagregada, régimen de reclamación, pérdida de beneficios, ciberriesgo— los desarrollo en el análisis general de coberturas para clínicas y centros de estética. Aquí el foco es otro: quién hace qué, con qué equipo y bajo qué cobertura.

Comprobación previa

Seis puntos sobre actividad y colaboradores

  • La lista real de tratamientos. Compárela con la actividad que consta declarada, no con la que se describió al contratar.
  • Quién interviene en cada procedimiento. Empleados, colaboradores por días, personal sanitario y quién figura en la póliza.
  • Si exige acreditar cobertura vigente a cada colaborador, y si alguien la comprueba en cada renovación.
  • Cómo se documenta el consentimiento para cada técnica concreta, no mediante un impreso genérico del centro.
  • Identificación y capitales de la aparatología, con su valor actual de reposición.
  • Si hay varios centros, cómo se coordinan las pólizas entre ubicaciones y qué actividad consta en cada una.
Punto de decisión

Una reclamación por un tratamiento que hizo otro

Imagine que un paciente reclama por una lesión cutánea derivada de un procedimiento realizado en su centro por un profesional colaborador, en una fecha concreta, con un equipo concreto.

Responda tres cosas. Si ese tratamiento figura entre la actividad declarada de su póliza. Si tiene por escrito la relación con ese profesional y prueba de su cobertura vigente en esa fecha. Y qué póliza respondería primero, con qué límite. Si alguna respuesta no es inmediata, el problema no es clínico: es documental, y se resuelve antes, no durante.

Preguntas frecuentes

¿Qué ocurre si un colaborador externo causa un daño a un paciente?

Depende de cómo esté definida la relación profesional y de cómo se coordinen las pólizas. La clínica suele ser quien contrata con el paciente y quien recibe la reclamación, con independencia de que después pueda repetir frente a quien intervino cuando jurídicamente corresponda. Si no se revisa antes, puede aparecer un vacío entre la cobertura del centro y la del colaborador.

¿Necesita una revisión específica una clínica que incorpora láser?

Conviene. El uso de aparatología con mayor exposición modifica el riesgo y debe quedar correctamente declarado: tipo de tratamiento, equipo utilizado y profesionales que lo manejan. Es uno de los cambios que con más facilidad se incorpora al servicio sin trasladarse a la póliza.

¿El consentimiento informado evita una reclamación?

No la evita por sí solo. Acredita la información facilitada y la aceptación del paciente, lo que ayuda mucho en la defensa, pero no sustituye a una cobertura bien planteada. La ley exige además que se recabe por escrito para cada actuación en los supuestos previstos, y un impreso genérico del centro puede no cumplir esa exigencia respecto de una técnica concreta.

El problema no suele ser clínico: es documental

Cuando una reclamación se complica en un centro estético, no siempre es porque el tratamiento estuviera mal indicado. Puede ser porque nadie logra acreditar con rapidez qué se hizo, quién lo hizo, con qué equipo, qué se explicó al paciente y bajo qué cobertura.

Visto así, ordenar los colaboradores externos en una clínica estética y la actividad declarada no es un trámite previo a contratar un seguro. Es lo que determina si ese seguro servirá de algo el día que haga falta.

Determinada la operativa real del centro, trabajar con acceso a más de 95 compañías amplía el universo desde el que buscar y contrastar, entre las entidades que ofrecen soluciones adecuadas, tratamiento de los colaboradores, actividades admitidas, límites por tipo de responsabilidad y precio. La aceptación y las condiciones dependen de la actividad, del historial de siniestralidad y de los criterios de suscripción de cada entidad.

La revisión de sus seguros no tiene coste y no implica obligación de contratar. Es un servicio que ofrecemos siempre de forma gratuita, también cuando la conclusión es que su estructura actual está bien planteada.

Mateo Molina · Molina López — Análisis y Optimización de Seguros

¿Quién interviene en su clínica y bajo qué póliza?

Revisamos la actividad declarada frente a la real, cómo quedan encajados los profesionales colaboradores, si se exige y comprueba su cobertura vigente, cómo están identificados y valorados los equipos y qué límites tiene cada tipo de responsabilidad. Sin coste y sin obligación de contratar.

Solicitar el análisis de mis pólizas