Análisis profesional de riesgos

Fontanero autónomo trabajando en una instalación de agua en una vivienda

Un fontanero termina una instalación, comprueba que no gotea, recoge y se marcha. El trabajo está bien hecho. Días después, una junta cede, el agua corre por detrás del alicatado, baja por el forjado y aparece en el techo del piso inferior, donde hay un parqué recién colocado y un armario empotrado.

Esa secuencia resume el riesgo del oficio. Lo que se repara cuesta poco; lo que el agua alcanza por el camino puede costar mucho más, y casi nunca pertenece al cliente que encargó el trabajo.

Un fontanero autónomo necesita por tanto mirar en dos direcciones opuestas. Hacia fuera, lo que su trabajo puede causar a terceros. Hacia dentro, lo que ocurre con sus ingresos el día que no puede trabajar. Esta guía recorre las dos.

El daño no se queda donde se trabaja

La particularidad del agua es su capacidad de desplazamiento. Una fuga pequeña en un punto concreto puede manifestarse en otra vivienda, en otra planta y semanas más tarde, con un recorrido que atraviesa paramentos, forjados y falsos techos.

De ahí que el núcleo del análisis en este oficio sean los daños consecuenciales: los perjuicios que se derivan del daño material inicial. El tubo reparado es lo barato. Lo caro son la tarima levantada, la pintura, el mobiliario, el equipo electrónico que estaba debajo y, en su caso, el alojamiento del afectado mientras se seca la vivienda.

Esos daños a terceros son los que mira la Responsabilidad Civil de explotación, que habría que revisar ante el daño causado a un cliente o a un vecino en el desarrollo de la actividad. Puede consultar su estructura general en la página de seguro de Responsabilidad Civil.

Hay además un coste que conviene analizar por separado: localizar y acceder al punto donde se ha producido la fuga. Los seguros patrimoniales del inmueble pueden incluir garantías de localización y reparación de averías, pero en la Responsabilidad Civil del profesional no debe darse por supuesto que los trabajos necesarios para localizar o rehacer el propio trabajo defectuoso estén cubiertos. Hay que comprobar expresamente cómo los trata el condicionado y distinguirlos de los daños consecuenciales causados a otros bienes. Analizamos el comportamiento de estas garantías en el estudio sobre las exclusiones de daños por agua.

En fontanería, la factura del siniestro rara vez se parece a la factura del trabajo. Una la firma el profesional; la otra la escribe el recorrido del agua.

Qué suele atender una RC y qué suele quedar fuera

Esta es la frontera que conviene conocer antes de contratar, porque ahí se concentran los desencuentros entre lo que el profesional creía tener y lo que el condicionado dice.

Los condicionados de Responsabilidad Civil acostumbran a distinguir entre el trabajo ejecutado y los daños que ese trabajo causa. El coste de rehacer la obra defectuosa, el material empleado o la pieza mal colocada suelen quedar excluidos, por entenderse que forman parte de la obligación profesional. Los daños causados a otros bienes por esa ejecución son los que se sitúan en el terreno de la garantía. La clave es separar el coste de corregir el defecto de los daños que ese defecto haya provocado en otros bienes.

Junto a esa distinción quedan otras tres delimitaciones habituales por revisar. La primera, los bienes sobre los que se trabaja, que muchos condicionados excluyen o limitan: el elemento que el profesional tiene entre manos puede recibir un tratamiento distinto del resto de la vivienda.

La segunda, los bienes preexistentes: el alicatado antiguo que se rompe al abrir una roza, la instalación que ya estaba deteriorada. Es una exclusión que merece una lectura atenta en un oficio que interviene sobre instalaciones ajenas y a menudo viejas.

La tercera, los trabajos terminados o la responsabilidad posterior a la entrega. Es la que entra en juego cuando el daño se manifiesta después de haber abandonado la obra, que es precisamente lo que ocurre con una fuga. Hay que comprobar si esa cobertura figura contratada, con qué límite y durante cuánto tiempo mantiene su efecto.

Situación en el trabajoQué se ha dañadoGarantía que habría que revisarQué conviene comprobar
Fuga posterior que daña la vivienda del piso inferiorBienes de un terceroRC de explotación y trabajos terminadosSi la cobertura posterior a la entrega está contratada, límite y duración
Picado y reposición necesarios para localizar el punto defectuosoElementos del inmueble sobre los que es necesario intervenirCondicionado de RC y, en su caso, seguro patrimonial del inmuebleSi los gastos de acceso y localización están cubiertos o si se consideran parte de la reparación del propio trabajo
Rotura de un alicatado antiguo al abrir una rozaBienes preexistentesRC de explotación, con su exclusión de bienes preexistentesCómo está redactada esa exclusión en el condicionado
La pieza instalada falla y hay que volver a colocarlaEl propio trabajo ejecutadoHabitualmente fuera de la RCQue se distinga del daño causado a otros bienes
Caída de un tercero por una herramienta en el rellanoDaño corporal a un terceroRC de explotaciónActividad declarada y límite por víctima
Sustracción de herramienta del vehículoEquipo propioGarantía específica de herramienta o equiposSi alcanza al vehículo, en qué horario y con qué sublímite
Baja del profesional por una lesiónLos ingresos propiosSubsidio por incapacidad temporal y accidentesCarencia, franquicia en días, periodo máximo y capital contratado

Siete situaciones habituales en un oficio de fontanería y la garantía que habría que revisar en cada una. Que responda depende del condicionado de cada compañía y de la actividad declarada.

Errores frecuentes

Cuatro descuidos que aparecen al revisar la póliza

Confundir el límite con la protección. Un límite alto no sirve de nada si la actividad declarada no recoge lo que el profesional hace realmente: soldadura, trabajos con fuego, calefacción, gas o reforma de baño completa.

Olvidar los trabajos terminados. En un oficio donde el daño aparece después, la responsabilidad posterior a la entrega merece una comprobación expresa.

Dar por asegurada la herramienta. La herramienta que viaja en la furgoneta suele tener un tratamiento propio, con condiciones de custodia, y no siempre acompaña a la Responsabilidad Civil.

Dejar la protección personal para después. La RC atiende lo que el profesional causa a otros. Lo que ocurre con sus ingresos cuando no puede trabajar pertenece a otro contrato.

La herramienta y la furgoneta

En un oficio sin local, el almacén es el vehículo. Ahí viajan la máquina de termofusión, las llaves, la herramienta eléctrica, la cámara de inspección y el material del día.

La cobertura de esa herramienta rara vez viene incluida sin más. Suele articularse mediante una garantía específica de herramienta, maquinaria portátil o equipos profesionales, con su propio sublímite y, lo que más importa, con condiciones sobre dónde y cómo debe estar custodiada: vehículo cerrado, acceso con fuerza, horario diurno o pernocta en garaje.

El reparto entre lo que se considera equipo, material y mercancía tiene su propia lógica, que ya detallamos en el análisis sobre lo que se descubre tras un robo de mercancía y equipos.

Al vehículo le corresponde además su propia póliza, con el uso profesional correctamente declarado. Es una comprobación sencilla y merece hacerse, porque el uso declarado condiciona la aceptación del riesgo.

La otra dirección: los ingresos cuando no se puede trabajar

En un autónomo que trabaja con las manos, la baja laboral tiene un efecto inmediato sobre la facturación. No hay empleado que sustituya, el aviso se pierde y el cliente llama a otro.

El punto de partida es la prestación pública por incapacidad temporal, cuya cuantía se obtiene aplicando los porcentajes legalmente previstos a la base reguladora, vinculada a la base de cotización. Merece la pena conocer cuál es la suya y qué importe supondría, porque esa cifra es la referencia sobre la que se decide si hace falta algo más.

A partir de ahí entran dos instrumentos distintos. El subsidio por incapacidad temporal, que abona una cantidad diaria mientras dura la baja, con tres parámetros que conviene mirar: el periodo de carencia desde la contratación, la franquicia en días desde el inicio de la baja y el periodo máximo de indemnización por siniestro.

Y el seguro de accidentes, que atiende las consecuencias permanentes: la invalidez que impide seguir ejerciendo el oficio y el fallecimiento. Aquí la comprobación relevante es si la cobertura opera las veinticuatro horas o solo durante la jornada laboral, y cómo se define la invalidez para la profesión concreta.

Ambos pertenecen al terreno de los seguros personales y se analizan con otra lógica que la Responsabilidad Civil: allí se mide lo que el profesional puede causar; aquí, lo que el profesional dejaría de ingresar.

Qué cambia según cómo trabaje

El reparto entre estas coberturas se mueve con el tipo de encargo, y esa es la óptica con la que debe revisarse.

El profesional de avisos y urgencias. Trabajos cortos en viviendas ajenas, muchas intervenciones al mes y exposición alta al daño consecuencial. El peso recae en la RC, en los trabajos terminados y en la localización de la fuga.

El que hace reformas de baño o cocina completas. Entra obra, aparecen más gremios y crece el valor del entorno intervenido. Entran en el análisis los bienes preexistentes, los daños a la obra en curso y la coordinación con otros profesionales.

El instalador habilitado en gas o calefacción. Cuando el profesional actúa como empresa instaladora en instalaciones sujetas a reglamentación técnica, como las de combustibles gaseosos, la normativa aplicable establece requisitos propios, entre ellos el de disponer de un seguro de responsabilidad civil. Conviene verificar los que correspondan a su habilitación ante el organismo competente.

El que trabaja con un operario o con colaboradores. Con personal contratado entra la Responsabilidad Civil patronal; con colaboradores autónomos, hay que comprobar si los daños que causen quedan amparados por la póliza del titular o si cada uno responde con la suya.

Criterio del despacho

Qué revisamos primero en un fontanero autónomo

Empezamos por la descripción de la actividad y por el tipo de encargo habitual: si hay soldadura o trabajos con fuego, si se interviene en gas o calefacción, si hay obra, si se trabaja en comunidades o en industria. De esa descripción dependen la aceptación del riesgo y el alcance de la garantía.

Después miramos hacia los dos lados. Hacia fuera, el límite de la RC frente al valor de los entornos en los que trabaja, los trabajos terminados y las exclusiones de bienes preexistentes y de bienes sobre los que se trabaja. Hacia dentro, qué ocurriría con sus ingresos a partir del primer día de baja. Primero qué puede pasar y a quién afecta; luego con qué límites y a qué coste.

Dos pólizas que protegen cosas distintas

Hay un punto en el que merece la pena detenerse al terminar la revisión, porque explica por qué estos dos contratos conviven y ninguno sustituye al otro.

La Responsabilidad Civil protege el patrimonio del profesional frente a lo que su trabajo pueda causar a otros. Es una protección hacia fuera, y su importancia crece con el valor de las viviendas y los locales en los que entra cada día.

Las coberturas personales protegen la capacidad de generar ingresos. Es una protección hacia dentro, y su importancia crece con la dependencia que el hogar tiene de una sola persona y de unas manos que deben estar en condiciones de trabajar.

Visto así, el análisis de un fontanero autónomo tiene poco que ver con elegir una póliza. Consiste en ordenar dos riesgos que viajan juntos en la misma furgoneta y que, hasta que ocurre algo, parecen uno solo.

La referencia de producto para la actividad es el multirriesgo para autónomos cuando existe almacén o local, junto con la Responsabilidad Civil, dentro del conjunto de seguros para autónomos.

Si quiere comprobar cómo respondería su seguro en estas situaciones, podemos revisarlo con usted. Trabajamos con más de 95 compañías, lo que amplía las posibilidades de comparar precios, coberturas, condiciones y criterios de aceptación para buscar una solución adecuada y competitiva.

Análisis sin coste y sin compromiso. La revisión no implica obligación de contratar, también cuando la conclusión es que su póliza actual está bien planteada.

Mateo Molina · Molina López — Análisis y Optimización de Seguros

¿Hasta dónde llega su Responsabilidad Civil cuando el agua baja?

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