Análisis profesional de riesgos

Al constituir la sociedad cambian el NIF, las facturas y la cuenta bancaria. Las pólizas, en cambio, siguen a nombre de quien era autónomo hasta que alguien las revisa. Ese desfase es el error que más tarde se descubre.

Quien decide pasar de autónomo a sociedad limitada pone la atención en la fiscalidad, la constitución y la contabilidad. El seguro queda para después, con la idea de que basta con comunicar el cambio de titular. No basta. La sociedad es una persona jurídica distinta de su socio, contrata, emplea y responde de otra manera, y cada póliza tiene que reflejar quién es ahora el asegurado y qué actividad realiza.

Este análisis recorre los cinco puntos en los que el cambio de forma jurídica altera la protección: la titularidad de las pólizas, la responsabilidad del administrador, el personal, la actividad declarada y la continuidad del negocio.

Pasar de autónomo a sociedad limitada: firma de la constitución de la sociedad y revisión de sus seguros
La constitución de la sociedad cambia quién contrata, quién responde y qué debe figurar en cada póliza.

Qué cambia en el seguro al pasar de autónomo a sociedad limitada

Mientras se trabaja como autónomo, el titular del negocio y el asegurado son la misma persona. Al constituir la sociedad se separan: la sociedad pasa a ser quien factura, quien firma los contratos y quien emplea, y el antiguo autónomo pasa a ser socio y, si asume el cargo, administrador.

Esa separación tiene consecuencias en cada póliza, y no todas siguen la misma regla.

Los seguros de daños sobre los bienes. Cuando la maquinaria, el mobiliario o las existencias aseguradas se aportan o transmiten a la sociedad, la ley prevé con carácter general la subrogación del adquirente en el contrato, salvo las excepciones previstas para determinadas pólizas nominativas. La transmisión debe comunicarse a la aseguradora, y tanto ésta como el adquirente pueden disponer de facultades de rescisión en los términos legales. Dejar la póliza a nombre del autónomo sin comunicar nada abre un margen de discusión que conviene cerrar.

Los seguros de responsabilidad civil. Protegen a quien figura como asegurado. Si la póliza ampara al autónomo y la reclamación se dirige contra la sociedad, hay que comprobar que la sociedad figure como asegurada y que la actividad descrita coincida con la que realiza. Puede consultar la estructura general en la página de responsabilidad civil para empresas.

La responsabilidad civil profesional. Requiere una atención especial. Estas pólizas pueden estructurarse por reclamación: atienden las reclamaciones presentadas mientras están en vigor. Si al constituir la sociedad se cancela la póliza del autónomo y se contrata una nueva a nombre de la sociedad, hay que revisar la retroactividad de la nueva, el periodo posterior de la antigua y si los trabajos firmados antes del cambio quedan amparados por alguna de las dos. En algunas profesiones, además, la responsabilidad del profesional que firma puede concurrir con la de la sociedad, y conviene que ambos figuren en la póliza.

La limitación de responsabilidad no alcanza al administrador

Una de las razones para constituir una sociedad limitada es la protección del patrimonio personal. Es cierta en un sentido preciso: los socios no responden personalmente de las deudas de la sociedad. Pero esa regla se refiere al socio como socio, no al administrador.

El administrador responde frente a la sociedad, frente a los socios y frente a los acreedores del daño que cause por actos u omisiones contrarios a la ley, a los estatutos o a los deberes de su cargo, siempre que concurra dolo o culpa en los términos previstos por la ley. Y si concurre una causa de disolución, por ejemplo por pérdidas que dejen el patrimonio por debajo del umbral legal, y el administrador no convoca la junta ni actúa en los plazos legales, puede responder solidariamente de las deudas sociales posteriores.

A eso se añade un factor práctico. Una sociedad recién constituida y con poco capital tiene menos solvencia aparente, y bancos, arrendadores y proveedores relevantes pueden pedir un aval personal del socio. Ese aval devuelve al patrimonio personal parte del riesgo que la sociedad pretendía separar, y ningún seguro lo neutraliza.

Para la responsabilidad del administrador existe un seguro específico, el de responsabilidad de directivos y administradores. Atiende las reclamaciones por actos de gestión y los gastos de defensa en los términos de cada póliza. Las multas y sanciones pueden quedar excluidas o estar sujetas a límites de asegurabilidad legal, aunque los gastos de defensa asociados a procedimientos administrativos pueden tener un tratamiento distinto según el condicionado. Su estructura está explicada en la página del seguro de responsabilidad de directivos y administradores.

RiesgoComo autónomoComo sociedad limitadaQué conviene comprobar
Deudas del negocioResponde el autónomo con su patrimonioResponde la sociedad; el socio no responde personalmenteAvales personales firmados ante bancos, arrendadores o proveedores
Actos de gestiónSe confunden con la actividad del titularEl administrador responde de los daños causados por infringir la ley, los estatutos o sus deberesSi existe seguro de responsabilidad de administradores y qué excluye
Daños a tercerosAsegurado el autónomoDebe figurar como asegurada la sociedadTomador, asegurado y actividad descrita en la póliza
Errores profesionalesPóliza del profesionalPóliza de la sociedad y, en su caso, del profesional que firmaRetroactividad, periodo posterior y trabajos anteriores al cambio
Bienes del negocioAsegurados a nombre del autónomoTransmitidos o aportados a la sociedadComunicación de la transmisión, posible subrogación contractual, facultades de rescisión y capitales actualizados
Personal contratadoSegún la plantilla del autónomoLa sociedad asume las obligaciones como empleadoraResponsabilidad civil patronal y seguros exigidos por el convenio colectivo

Seis riesgos que cambian de titular al constituir la sociedad. El alcance concreto depende de los estatutos, de los contratos firmados y del condicionado de cada póliza.

El personal y la actividad declarada

El paso a sociedad puede coincidir con las primeras contrataciones, y lo relevante no es cuántas personas se incorporan, sino quién figura como empleador. Con plantilla entra en juego la responsabilidad civil patronal, que atiende las reclamaciones de los trabajadores por accidentes de trabajo dentro de los límites contratados. Y algunos convenios colectivos obligan a la empresa a contratar un seguro de accidentes para sus trabajadores, con capitales fijados por el propio convenio.

La actividad declarada merece una revisión aparte. El objeto social de los estatutos se redacta con amplitud; la póliza, en cambio, ampara la actividad que describe. Si la sociedad empieza a subcontratar trabajos, a montar en obra lo que antes solo fabricaba en taller, a almacenar mercancía de terceros o a importar por su cuenta, su exposición cambia aunque la forma jurídica sea la misma. Una actividad no declarada puede quedar fuera de cobertura cuando llega la reclamación.

La continuidad del negocio pesa más que antes

La sociedad puede llegar con más estructura fija: nóminas, alquiler de nave o local, financiación de equipos y contratos con clientes que penalizan los retrasos. Un incidente que el autónomo absorbía con esfuerzo personal se convierte en una tensión de tesorería.

Un incendio en el cuadro eléctrico, una avería de la máquina principal o un daño en el almacén pueden detener la actividad durante semanas. El daño material lo atiende el multirriesgo del local; los gastos fijos que siguen corriendo y el beneficio que se deja de obtener dependen de la garantía de pérdida de beneficios, con su periodo de indemnización y su franquicia temporal. Esa garantía tiene sus propias reglas, que repasamos en el análisis sobre el seguro de interrupción de actividad para pymes.

Queda una fragilidad que la forma jurídica no cambia. En una sociedad pequeña, una sola persona concentra las relaciones comerciales, la firma técnica y la capacidad de decisión. Constituir la sociedad no reparte esa dependencia, y conviene tenerla presente al revisar los seguros personales del socio.

La sociedad limitada separa el patrimonio del socio de las deudas sociales. No separa al administrador de sus actos, ni a las pólizas de quien figura en ellas como asegurado.

El detalle que decide

La póliza profesional que se cancela con el autónomo

Al constituir la sociedad, lo natural parece cancelar la póliza de responsabilidad civil profesional del autónomo y contratar otra a nombre de la nueva sociedad. Si ambas funcionan por reclamación, ese movimiento puede dejar sin cobertura los trabajos realizados antes del cambio: la póliza antigua ya no está en vigor cuando llega la reclamación, y la nueva puede no tener retroactividad suficiente.

La solución pasa por revisar las dos piezas antes de cancelar nada: la fecha de retroactividad de la póliza de la sociedad y el periodo posterior de la del autónomo.

Comprobación previa

Seis puntos al constituir la sociedad

  • Quién figura como tomador y como asegurado en cada póliza tras la constitución.
  • Si se ha comunicado a la aseguradora la transmisión de los bienes asegurados a la sociedad.
  • Si la actividad descrita en las pólizas coincide con lo que la sociedad hace realmente.
  • La retroactividad y el periodo posterior de las pólizas de responsabilidad civil profesional.
  • Si existe seguro de responsabilidad de administradores y qué avales personales se han firmado.
  • Si la plantilla está cubierta por la responsabilidad civil patronal y por los seguros que exija el convenio.
Punto de decisión

Un taller que constituye su sociedad y contrata a sus primeros trabajadores

El titular trabajaba como autónomo con un multirriesgo y una responsabilidad civil a su nombre. Constituye una sociedad limitada, aporta la maquinaria, asume la administración, firma un aval personal para el alquiler de la nave y contrata a sus primeros empleados. Antes de dar el cambio por cerrado, tres preguntas ordenan la revisión.

Primera: ¿la sociedad figura ya como asegurada en el multirriesgo y en la responsabilidad civil, y se ha comunicado la aportación de la maquinaria?

Segunda: ¿qué riesgos personales asume ahora como administrador y avalista, y cuáles de ellos pueden asegurarse?

Tercera: ¿si la nave o la máquina principal se detuvieran durante semanas, la sociedad podría seguir pagando nóminas, alquiler y financiación?

Preguntas frecuentes

¿Al constituir la sociedad limitada deja de haber riesgo personal para el socio administrador?

No de forma automática. El socio no responde personalmente de las deudas sociales, pero el administrador puede responder de los daños causados por actos contrarios a la ley, a los estatutos o a sus deberes, y de las deudas posteriores a una causa de disolución si no actúa en plazo. Los avales personales firmados también comprometen su patrimonio.

¿Las pólizas del autónomo pasan solas a la sociedad?

No en todos los casos. En los seguros de daños sobre bienes transmitidos a la sociedad, la ley prevé la subrogación del adquirente, con obligación de comunicarla a la aseguradora. En los de responsabilidad civil, la cobertura ampara a quien figura como asegurado, y la sociedad debe incorporarse expresamente.

¿Basta con comunicar que la facturación se hace ahora desde la sociedad?

No basta. Además del titular, hay que revisar la actividad real, los centros de trabajo, la plantilla, la maquinaria, la subcontratación, las mercancías y las obligaciones asumidas con clientes y proveedores. Cambiar el nombre sin revisar el contenido deja zonas enteras sin analizar.

Las pólizas también tienen que cambiar de titular

El paso de autónomo a sociedad limitada se planifica en la notaría, en el registro y en la gestoría. La revisión del seguro debería formar parte del mismo calendario y no esperar a la primera reclamación.

La decisión práctica es ordenar esa revisión en tres pasos: actualizar la titularidad de cada póliza y comunicar la transmisión de los bienes; resolver la continuidad de la responsabilidad civil profesional antes de cancelar la del autónomo; y valorar qué riesgos asume ahora el administrador y qué parte de ellos se puede asegurar. Hecho así, pasar de autónomo a sociedad limitada se convierte también en la ocasión de ajustar la protección a la empresa que realmente existe.

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Mateo Molina · Molina López — Análisis y Optimización de Seguros

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