Análisis profesional de riesgos

Una póliza de decesos antigua rara vez falla por no existir. Falla porque cubre un servicio de hace veinte años a precio de hace veinte años.

Es el seguro más silencioso de una casa. Se contrató hace décadas, a veces por un familiar que ya no está, y desde entonces nadie lo ha vuelto a mirar. El recibo se paga sin discusión y la carpeta no se abre. El problema es que el servicio funerario ha cambiado mucho en ese tiempo, y una cobertura pensada para el coste de entonces puede quedarse a medio camino justo cuando la familia tiene menos capacidad de discutir nada.

La diferencia técnica que lo explica casi todo

Antes de revisar nada conviene entender que no todas las pólizas de decesos funcionan igual, porque de eso depende si su cobertura envejece bien o mal.

En una modalidad de capital fijo, la póliza garantiza una cantidad determinada. Si el coste real del servicio supera ese importe, la diferencia la aporta la familia. Es el escenario donde una póliza antigua deja el mayor hueco, porque el capital se fijó con precios de otra época.

En una modalidad de prestación de servicio, la entidad se compromete a organizar y prestar el servicio pactado, con independencia de lo que cueste en ese momento. Aquí el riesgo no es económico, sino de contenido: lo que se discute es qué servicio exactamente se pactó.

Y hay una tercera variable que casi nadie mira: si la póliza tiene revalorización automática del capital, y con qué criterio. Una póliza sin ese mecanismo lleva años perdiendo capacidad de compra sin que el tomador lo perciba, porque el recibo sí que va subiendo.

El recibo de un decesos antiguo sube con los años. La cobertura, si es de capital fijo y no se revaloriza, no.

Lo que ha cambiado en el servicio y no está en la póliza

Un condicionado de hace décadas describe un servicio funerario que ya no es el estándar. Y las diferencias no son estéticas.

La incineración. Hoy es una opción mayoritaria en muchas zonas y en pólizas antiguas puede no estar contemplada, o estar prevista con un tratamiento económico distinto al de la inhumación. Si la voluntad de la persona es esa, conviene comprobar que la póliza la contempla.

El traslado. Muchas familias ya no viven donde nacieron. Un fallecimiento en una provincia con voluntad de sepelio en otra genera un coste de traslado que las pólizas antiguas cubren de forma limitada o con un radio geográfico corto. Y si el fallecimiento ocurre en el extranjero, la repatriación es una garantía que en contratos antiguos suele ser bastante más estrecha de lo que el nombre del producto sugiere.

Los trámites. La gestión documental posterior —certificados, registro civil, últimas voluntades, baja en organismos, testamentaría— ocupa hoy un lugar central en los productos actuales y en los antiguos apenas aparece. Es, además, la parte que más agradece una familia en los primeros días.

El asesoramiento y la asistencia. Orientación jurídica básica, apoyo en la sucesión o servicios de gestión de identidad digital son prestaciones que no existían cuando se firmaron muchos de estos contratos.

Los tres huecos que aparecen al abrir la carpeta

Personas que ya no están en la póliza, y personas que deberían estar. Es lo primero que conviene comprobar. Hijos que se emanciparon y quedaron fuera, un cónyuge incorporado después de la contratación, nietos, o al revés: asegurados que ya fallecieron y siguen figurando. Una póliza familiar de hace treinta años describe una familia que probablemente ya no existe con esa composición.

El capital que no acompaña al coste. Si la modalidad es de capital fijo sin revalorización, el desfase crece cada año en silencio.

La duplicidad con otras coberturas. Es más común de lo que parece. Algunas pólizas de vida, de hogar o vinculadas a entidades financieras incluyen prestaciones de sepelio o de asistencia en caso de fallecimiento. Cuando eso ocurre, la familia puede estar pagando dos veces por lo mismo, y en un seguro de prestación de servicio la duplicidad no suma: solo se presta una vez.

Antes de dar de baja nada

Aquí conviene mucha prudencia, y por una razón concreta. Buena parte del valor de un decesos antiguo está en su antigüedad: en las carencias ya cumplidas, en la ausencia de nuevo cuestionario de salud y en un precio construido sobre la edad de contratación.

Dar de baja para contratar otro producto significa, en la práctica, empezar de cero a la edad actual y con las condiciones de suscripción de hoy. En personas mayores eso puede suponer una prima sensiblemente más alta o, en algunos casos, la imposibilidad de contratar. Antes de cualquier baja conviene tener aceptada por escrito la alternativa, no después.

Revisar no siempre significa cambiar

Esta es la parte que más tranquiliza y la que conviene decir con claridad, porque evita decisiones precipitadas.

En muchas ocasiones la mejor solución no es sustituir la póliza, sino actualizarla: revisar el capital, incorporar o retirar asegurados, comprobar el tratamiento de la incineración y del traslado, o valorar un complemento que cubra la diferencia. Todas esas vías conservan la antigüedad. La baja, no.

Y hay un supuesto en el que la revisión es especialmente urgente: cuando el tomador de la póliza —quien paga y figura como titular— ha fallecido o ya no puede gestionarla. Conviene saber qué ocurre en ese caso con el contrato y con los demás asegurados, porque no siempre continúa de forma automática.

Comprobación previa

Siete puntos al abrir una póliza de decesos antigua

  • Modalidad. Capital fijo o prestación de servicio. Determina si el riesgo es económico o de contenido.
  • Revalorización. Si el capital se actualiza automáticamente y con qué criterio.
  • Asegurados. Quiénes figuran hoy, quiénes deberían figurar y quiénes ya no procede que consten.
  • Incineración. Si está contemplada y en qué condiciones económicas frente a la inhumación.
  • Traslado y repatriación. Radio geográfico cubierto y qué ocurre en caso de fallecimiento fuera de España.
  • Gestión de trámites. Qué gestiones documentales asume la entidad y cuáles quedan para la familia.
  • Duplicidades. Revise si su seguro de vida, de hogar o alguno vinculado a su banco ya incluye prestaciones de sepelio.
Punto de decisión

Quién sabe que esta póliza existe

Una revisión de decesos no consiste solo en comprobar coberturas. Consiste también en asegurarse de que alguien de la familia sabe que el contrato existe, dónde está y a quién llamar.

Se han pagado pólizas durante décadas que después no se reclamaron porque nadie supo de ellas en el momento en que había que usarlas. Es el fallo más evitable de todos y no depende del condicionado: depende de una conversación.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena mantener una póliza de decesos muy antigua?

En muchos casos sí, porque su valor está en la antigüedad, en las carencias cumplidas y en un precio calculado sobre la edad de contratación. Lo aconsejable es revisarla y actualizar lo que haya quedado desfasado, en lugar de plantear una sustitución que obligaría a empezar de cero con las condiciones de hoy.

¿Qué pasa si el coste del servicio supera el capital contratado?

En una modalidad de capital fijo, la diferencia suele quedar a cargo de la familia. Por eso conviene comprobar si la póliza tiene revalorización automática y, si no la tiene, valorar una actualización del capital o un complemento antes de que la situación se produzca.

¿Puedo tener dos seguros que cubran el sepelio?

Puede ocurrir sin que el asegurado lo sepa, porque algunas pólizas de vida, de hogar o vinculadas a bancos incluyen esa prestación. Conviene revisarlo, porque en un seguro de prestación de servicio la duplicidad no incrementa lo recibido: el servicio se presta una sola vez.

Una revisión que se hace con calma o no se hace

El seguro de decesos tiene una particularidad: nadie quiere pensar en él, y por eso pasan décadas sin abrirlo. Pero es también el único que se activa en un momento en el que la familia no está en condiciones de leer un condicionado, comparar importes ni negociar nada. Revisar hoy lo que se contrató hace treinta años es, sobre todo, evitar que esa lectura la tengan que hacer otros el peor día.

Determinada la cobertura que su situación necesita, trabajar con más de 95 compañías amplía las posibilidades de comparar modalidades, capitales, prestaciones y precio entre entidades distintas, lo que permite buscar una solución adecuada y competitiva. No es un resultado garantizado: la aceptación y las condiciones dependen de la edad, de la composición familiar y de los criterios de suscripción de cada entidad.

La revisión de sus seguros no tiene coste y no implica obligación de contratar. Es un servicio que ofrecemos siempre de forma gratuita, también cuando la conclusión es que lo mejor que puede hacer es mantener su póliza tal como está.

Mateo Molina · Molina López — Análisis y Optimización de Seguros

¿Sabe qué cubre exactamente la póliza de decesos de su familia?

Revisamos la modalidad, el capital y su revalorización, los asegurados que figuran, el tratamiento del traslado y la incineración, y si existe duplicidad con otras pólizas. Sin coste y sin obligación de contratar.

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