Análisis profesional de riesgos

Un despliegue de veinte minutos puede provocar un daño de meses. Y el freelance que lo ejecutó no siempre tiene claro quién responde.

Esa desproporción define el riesgo del trabajo técnico por cuenta propia. Un error de configuración, una migración mal validada o un cambio menor en producción pueden derivar en pérdida de datos, caída de servicio o incumplimiento contractual con impacto económico muy superior a lo facturado por el proyecto. Y en el sector tecnológico la exposición no depende del tamaño del profesional, sino del alcance del sistema donde interviene.

La confusión de partida: daño material o perjuicio económico

Conviene deshacerla antes de seguir, porque explica la mayoría de los seguros mal contratados en este sector.

La responsabilidad civil de explotación responde por daños materiales o personales causados en el desarrollo de la actividad: se rompe un equipo, alguien se lesiona en una instalación. Es lo que muchos programadores tienen contratado por defecto, a veces incluido en una póliza genérica de autónomo.

Lo que un freelance tecnológico necesita casi siempre es otra cosa: la responsabilidad civil profesional, que responde por el perjuicio económico puro derivado de un error, una omisión o un consejo técnico equivocado. Sin que se rompa nada físico.

Y aquí está el matiz que decide expedientes: en muchos condicionados el perjuicio patrimonial primario —el que no viene precedido de un daño material— requiere estar expresamente incluido. Si la póliza no lo contempla, la cobertura no sirve para el escenario típico de este trabajo, que es precisamente ese.

En tecnología casi nunca se rompe nada. Se pierde dinero. Y no todas las pólizas están escritas para eso.

El régimen de reclamación, que aquí importa más que en ningún otro oficio

Este es el punto que faltaba y el que más consecuencias tiene en el trabajo por proyectos.

La RC profesional suele operar en régimen de claims made: la cobertura se activa por la fecha en que el cliente reclama, no por la fecha en que se cometió el error. Y en desarrollo de software eso cambia todo, porque un fallo introducido en una entrega puede manifestarse meses después, cuando el proyecto ya está cerrado y facturado.

De ahí se derivan tres comprobaciones que conviene hacer siempre:

La retroactividad. Hasta qué fecha pasada alcanza la cobertura. Si contrata hoy, ¿queda amparado un error cometido en un proyecto del año anterior que aún no ha dado la cara?

Los hechos conocidos. Lo que ya sabe que puede acabar en reclamación queda excluido. Contratar cuando el cliente ya ha empezado a quejarse llega tarde.

El periodo posterior. Si deja de ejercer, cambia de entidad o pasa a nómina y cancela la póliza, las reclamaciones que lleguen después pueden quedar sin cobertura salvo que exista una extensión que las contemple. Es un punto especialmente relevante para quien alterna freelance y contrato por cuenta ajena.

Dónde se producen realmente los daños en este trabajo

La exposición se concentra en cuatro escenarios, y ninguno implica romper nada.

La interrupción del servicio. Un despliegue defectuoso deja fuera de línea una tienda, una plataforma o un sistema de pedidos. El daño se mide en facturación perdida del cliente, no en el coste de arreglarlo.

La pérdida o corrupción de datos. Una migración mal validada, un borrado accidental, una restauración fallida. Conviene comprobar si la póliza contempla los gastos de recuperación de datos y no solo la indemnización al tercero.

La brecha de seguridad. Una configuración insegura, un permiso mal asignado, una dependencia sin actualizar. Aquí el daño puede alcanzar a los datos personales de los clientes del cliente, con lo que la exposición se multiplica.

El incumplimiento contractual. Retrasos, entregas que no cumplen la especificación pactada, funcionalidades que no responden a lo comprometido. Es el terreno donde más se discute si hay error profesional o desacuerdo comercial.

Dos coberturas, no una

Hay una frontera que conviene entender bien. La RC profesional responde frente al cliente por el perjuicio económico causado por su error. El ciberriesgo atiende otra cosa: el incidente de seguridad en sí, incluyendo respuesta técnica, notificación a afectados, recuperación de datos y, según el producto, la defensa ante un procedimiento administrativo en materia de protección de datos.

Cuando una brecha se origina en el trabajo de un desarrollador y afecta a datos personales, los dos planos se cruzan. Muchos freelance tienen uno de los dos y creen tener resuelto el conjunto.

Lo que decide un expediente no es el código

Es la documentación del encargo. Aquí es donde más se juega un profesional técnico y donde menos atención suele poner.

Cuando el alcance está mal delimitado, cuando no hay evidencia de qué se aprobó y cuándo, cuando las validaciones se hicieron por chat sin registro claro, resulta muy difícil sostener que se trabajó conforme a lo acordado. Y la discusión deja de ser técnica para convertirse en probatoria.

Conservar el alcance firmado, los correos de aprobación, los registros de entrega y las advertencias hechas al cliente —sobre todo cuando el cliente decidió no seguir una recomendación— vale más en un conflicto que cualquier argumento posterior sobre la calidad del trabajo.

El límite lo suele fijar el cliente, no usted

Otro punto práctico que cambia decisiones. Cuando se trabaja para empresas medianas, integradores o administraciones, es habitual que exijan acreditar una RC profesional con un límite mínimo como condición para firmar el contrato.

Eso significa que la suma asegurada no debería decidirse solo por lo que uno cree suficiente, sino mirando lo que le van a pedir en los proyectos a los que aspira. Contratar corto puede dejarle fuera de encargos a los que hoy podría acceder, y ampliar el límite a mitad de una negociación siempre es peor que tenerlo ya.

Conviene revisar además el ámbito territorial. Trabajar para clientes fuera de España, especialmente en mercados anglosajones, puede requerir una extensión específica que no viene por defecto.

Comprobación previa

Siete puntos antes de firmar una RC profesional técnica

  • Perjuicio patrimonial primario. Que esté expresamente incluido, no solo el derivado de daño material.
  • Régimen de cobertura. Ocurrencia o reclamación, y si es lo segundo, qué retroactividad tiene.
  • Periodo posterior. Qué ocurre con las reclamaciones que lleguen tras cancelar la póliza.
  • Actividades declaradas. Desarrollo, consultoría, administración de sistemas, formación o venta de producto propio no son lo mismo a efectos de suscripción.
  • Recuperación de datos. Si la póliza cubre los gastos técnicos y no solo la indemnización al tercero.
  • Límite exigido por sus clientes. Contrate mirando los contratos a los que aspira.
  • Ámbito territorial. Si trabaja para clientes extranjeros, compruébelo expresamente.
Punto de decisión

El sistema donde interviene, no el tamaño de su factura

Un freelance que factura poco puede tocar un sistema del que depende la operación completa de una empresa. La exposición no la marca su volumen de negocio: la marca el alcance del entorno en el que trabaja.

Antes de decidir un límite, pregúntese qué facturación deja de entrar en su cliente si el sistema que usted mantiene se cae durante dos días. Esa cifra se parece mucho más al riesgo real que su propia tarifa.

Preguntas frecuentes

¿Me sirve la RC que ya tengo como autónomo?

Depende de qué modalidad sea. Si es una RC de explotación pensada para daños materiales, difícilmente cubrirá el perjuicio económico puro que genera un error técnico. Conviene comprobar expresamente si el perjuicio patrimonial primario está incluido, porque es el escenario habitual en este trabajo.

¿Y si el error se descubre cuando el proyecto ya está cerrado?

Ahí es donde importa el régimen de la póliza. Si opera por reclamación, lo determinante es tener cobertura vigente en el momento en que el cliente reclama y que la retroactividad alcance la fecha del trabajo. Es la razón por la que cancelar una RC profesional al dejar de ejercer puede dejar un periodo desprotegido.

¿Necesito también un seguro de ciberriesgos?

Son coberturas distintas y con frecuencia complementarias. La RC profesional responde frente al cliente por su error; el ciberriesgo atiende el incidente de seguridad, la recuperación y la gestión de una brecha de datos. Cuál conviene, o si conviene combinarlas, depende del tipo de sistemas que maneje y de los datos a los que acceda.

La exposición no la marca la facturación

En el trabajo técnico por cuenta propia, la desproporción entre lo que se cobra y lo que se puede provocar es estructural. Por eso la revisión útil no consiste en contratar cualquier RC, sino en comprobar que la póliza está escrita para el tipo de daño que este oficio produce: económico, diferido y a veces difícil de acotar.

Determinada la cobertura que su actividad exige, trabajar con más de 95 compañías amplía las posibilidades de comparar redacciones, límites, retroactividad, ámbito territorial y precio entre entidades distintas, lo que permite buscar una solución adecuada y competitiva. No es un resultado garantizado: la aceptación y las condiciones dependen de la actividad declarada, del historial y de los criterios de suscripción de cada entidad.

La revisión de sus seguros no tiene coste y no implica obligación de contratar. Es un servicio que ofrecemos siempre de forma gratuita, también cuando la conclusión es que su cobertura actual está bien planteada.

Mateo Molina · Molina López — Análisis y Optimización de Seguros

¿Su póliza cubre un error que no rompe nada?

Revisamos si el perjuicio patrimonial primario está incluido, qué retroactividad tiene su cobertura, qué ocurre si deja de ejercer y si el límite encaja con lo que le exigen sus clientes. Sin coste y sin obligación de contratar.

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