Constituir una sociedad separa el patrimonio de la empresa. No separa automáticamente el suyo.
Una baja larga no le hace perder clientes por estar ausente. Se los hace perder porque obliga al cliente a aprender a vivir sin usted.
Abrir una segunda sede no duplica el riesgo de la empresa. Lo transforma, y casi siempre la póliza sigue describiendo la empresa de un solo centro.
Un ciberataque en una pyme rara vez se queda en un susto informático: afecta cobros, entregas, tesorería y contratos más de lo que suele creerse.
En el renting el seguro viene incluido. Lo que no viene incluido es su posición cuando hay un siniestro grave.
Mientras funciona, la dependencia de un proveedor se lee en las cuentas como eficiencia. Solo cambia de nombre el día que falla.
El daño que compromete a la empresa no es el humano: es el organizativo y financiero. Y ese no lo cubre la póliza que la mayoría cree tener contratada.
El incidente casi nunca termina en la primera cura. Y la pregunta no es si la actividad tiene seguro, sino qué parte del problema cubre cada uno.
El incumplimiento más caro no nace de no tener seguro. Nace del descuadre entre lo que el convenio exige y lo que la póliza realmente paga.
Entender cómo tributa un seguro de vida ahorro cambia la forma de compararlo con otros productos y evita errores al declarar en el IRPF.